La preservación del teju y del mykuré

La preservación del teju y del mykuré constituye un aspecto clave para el equilibrio ecológico en diversas regiones del país, donde estas especies cumplen funciones fundamentales dentro de los ecosistemas naturales. A pesar de su importancia ambiental, ambas enfrentan amenazas constantes derivadas de la caza, la persecución por desconocimiento y la pérdida progresiva de su hábitat.

El teju, un gran lagarto característico de zonas rurales y semiurbanas, desempeña un rol relevante en el control de poblaciones de insectos, roedores y otros pequeños animales. Su presencia contribuye a regular las cadenas tróficas y a mantener la estabilidad del ambiente. Sin embargo, suele ser víctima de la caza indiscriminada, motivada tanto por creencias erróneas como por el aprovechamiento de su cuero y carne.

Por su parte, el mykuré, conocido popularmente como zarigüeya, cumple una función ecológica aún más amplia. Este mamífero actúa como controlador natural de plagas, ya que se alimenta de insectos, alacranes, serpientes pequeñas y restos orgánicos, contribuyendo así a la limpieza del entorno. Además, participa en la dispersión de semillas, favoreciendo la regeneración de la vegetación nativa.

Especialistas y organizaciones ambientales advierten que la eliminación de estas especies puede generar desequilibrios ecológicos, aumentando la proliferación de plagas y alterando los procesos naturales del ecosistema. En ese sentido, resaltan la necesidad de promover la educación ambiental y el respeto por la fauna silvestre, así como el cumplimiento de las normativas que protegen a estas especies.